Pandèmia econòmica i insolvència estatal

June 7, 2020

 

Article d'Antoni Durán-Sindreu publicat al suplement de l'Economista el dia 5 de juny de 2020.

 

Mientras que los responsables políticos viven ajenos al impacto de un ERTE y cobran mensualmente su nómina, el sector privado vive inmerso en una dramática situación que día a día se extiende de forma irremediable.

 

Y no es para menos. Estamos inmersos en una crisis de liquidez jamás vivida en nuestro planeta fruto del freno en seco de la actividad económica que el Estado de Alarma ha provocado; situación, recordémosla, propiciada por el Gobierno.

 

"Aunque cueste creerlo, pocos entienden qué impacto tiene para ellos que España tenga un déficit estructural"

 

Desgraciadamente pocos ciudadanos entienden de economía; circunstancia de la que nuestros políticos son los primeros en beneficiarse.

 

Aunque cueste creerlo, pocos entienden qué impacto tiene para ellos que España tenga un déficit estructural, que la deuda pública sea de importe equivalente al PIB, o que nuestra renta per cápita se mantenga a niveles, en mi opinión, muy bajos.

Lo importante es que Alemania, los Países Bajos, Dinamarca y algunos más son insolidarios con España, sin caer en que ninguno de ellos tiene una deuda superior al 60 % del PIB y que sus presupuestos anuales arrojan superávit. No.

 

"El problema de fondo es que no es políticamente correcto reconocer en voz alta que la economía, y no el Estado, es la base del bienestar"

 

Lo importante es que son insolidarios con los países que no han seguido con su ejemplo y que, promesa tras promesa, con la mirada puesta en el corto plazo, y sin proyecto alguno de modelo económico productivo para España, han permitido que el déficit público persista y que nuestro país se endeude hasta límites que impiden cualquier margen de maniobra. Europa es insolidaria. ¿De verdad?

 

"Que con liquidez suficiente no es necesaria ninguna renta mínima o, al menos, que su necesidad es mucho menor"

 

Pero cuando la economía castiga con dureza a las familias; cuando estas ven peligrar su trabajo, y/o cuando su poder adquisitivo disminuye, no hace falta entender de economía para comprender en primera persona que algo va mal; muy mal.

 

El problema de fondo es que no es políticamente correcto reconocer en voz alta que la economía, y no el Estado, es la base del bienestar. Que es la economía quien crea y destruye empleo; que es esta, y no el sector público, quien permite en realidad una vida digna, y no en pobreza.

 

Que es la economía la que financia al Estado y, por tanto, la que inyecta al sector público los recursos necesarios para financiar la sanidad y la educación.

 

Que con liquidez suficiente no es necesaria ninguna renta mínima o, al menos, que su necesidad es mucho menor. Que con liquidez suficiente no hay ERTEs; que con dinero que fluya no se incumplen las obligaciones de pago.

 

"Nuestra economía necesita una transfusión de sangre. Y nuestro único y posible donante es el Estado"

 

Pero lo cierto es que nada de nada. O lo que es peor. Incompetencia económica manifiesta. Lo que muchas de nuestras PYMES, autónomos y empresas en general necesitan es liquidez; vaya, ayudas o subvenciones directas; a fondo perdido. No reintegrables.

 

Nuestra economía necesita una transfusión de sangre. Y nuestro único y posible donante es el Estado. Pero mientras este solicita a Europa ayudas directas o no reintegrables, no aplica idénticos criterios con sus empresas.

 

"El futuro es incierto. Caída del PIB, aumento del paro, incremento del gasto, caída de los ingresos, y aumento del déficit y del endeudamiento"

 

Avales, y para de contar. Avales que, casi dos meses después, la burocracia ha impedido que se traduzcan en dinero; avales que, para muchos, no son ya necesarios porque la muerte empresarial ya les ha visitado sin poder esperar. Y es cierto; no hay que negarlo.

 

Algunas ayudas directas se han concedido, pero del todo insuficientes ante la grave pandemia económica que azota nuestro país.