FP, cuestión de país

ANTONI CAÑETE MARTOS

Secretario general de PIMEC

05/07/2018 - La Vanguardia


Hace mucho tiempo que sentimos, vivimos y trabajamos por lo que consideramos la estrategia más importante de un país: su educación y, sobre todo, su formación profesional (FP). Los países europeos más competitivos son aquellos con una oferta de FP más ajustada a las necesidades reales de sus empresas. En cambio, tanto en Catalunya como en España sufrimos un acuciante y creciente diferencial entre oferta y demanda en este nivel formativo, lo que genera la paradójica situación en la que conviven el elevado índice de paro juvenil con las vacantes en empresas que no se pueden cubrir por falta de personas con la formación profesional adecuada.


Desde Pimec hemos manifestado en diversas ocasiones la necesidad de priorizar la demanda de formación por delante de la oferta, prestando la máxima atención a la orientación profesional, un aspecto a menudo demasiado olvidado.En un apartado especial figura la formación profesional dual, que con excesiva frecuencia acapara portadas y titulares, pero que carece de una masiva aplicación real. Siendo un modelo de aprendizaje eficaz, eficiente, necesario y de éxito en muchos países europeos, la aplicación generalizada de la FP dual en nuestro país choca con la realidad de nuestras empresas. Y es que el 95% de nuestro tejido empresarial lo constituyen microempresas, con menos de 10 trabajadores y, por tanto, poco preparadas para disponer de los recursos pedagógicos y los equipamientos formativos necesarios para el despliegue de la FP dual. Es aquí donde los gremios y asociaciones pueden jugar un papel clave y dar una respuesta práctica y real a esta necesidad.


Pese a que en los últimos años se han aprobado leyes en el ámbito estatal y catalán que situaban la FP en el centro de atención de nuestras políticas y como uno de los elementos clave de nuestra competitividad, no han sido el modelo perfecto para todos los actores. Ejemplo de ello es que no hemos conseguido todavía la constitución de una Comisión Rectora, que implique a la Admintración, empresarios y trabajadores para plantear la integración de estas políticas y la toma de decisiones estratégicas en ellas. Ahora estamos ante un escenario perfecto para impulsar las medidas necesarias para que la FP sea verdaderamente una cuestión estratégica de país. Las primeras acciones apuntan en la buena dirección. El Govern ha decidido adscribir la Agencia de FP a la presidencia de la Generalitat, mientras que el nuevo Gobierno de España ha otorgado especial énfasis a la FP, considerada como un elemento estratégico clave ya no sólo del ministerio en cuestión sino incluso del propio Gobierno.


Esperemos que no ocurra como siempre, que se hable mucho de la FP, pero luego se haga bien poco. Confiamos en que los cambios en los ejecutivos redunden en mayores recursos humanos y materiales para la formación y sitúen por fin la FP en el lugar que le corresponde. De ello depende nuestro presente y, lo que es más importante, nuestro futuro.


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