España



FÈLIX RIERA PARDO

23/01/2018 - La Vanguardia


Los que nacimos en los años del llamado baby boom nos convencimos de que era necesario superar las negaciones interesadas del ­pasado. La España democrática iba a fundarse con reconciliación y la Constitución de 78 pondría las bases del fin de la historia de España y el inicio de la historia de los españoles. Todo lo que vino después se puede explicar y, lo que es más importante, se ha podido votar. Pasados 40 años, nos encontramos con una España que empieza a estar dominada por la incapacidad de dar respuesta al problema demográfico para orientar el futuro social y económico del país. El crecimiento negativo de la población amenaza al Estado de bienestar. Se prevé que disminuya un 22% en el 2050.


En la cuestión territorial española no sólo está actuando el conflicto catalán, lo hace también la Europa de los estados (la crisis del Brexit , el avance de los populismos y el hecho de que el 80% de las normas que nos afectan se determinan desde Bruselas), la Europa de las regiones (véase la fuerza del Véneto y Baviera), la España de las autonomías o mejor dicho de la postautonomía (Catalunya, País Vasco y ahora también Andalucía como definidores de su futura orientación), y la España de las ciudades que tienen una agenda social alternativa al Estado. Cuatro puntos en tensión que van a provocar, elecciones tras elecciones, encendidos debates, ya que la cuestión territorial ha dejado de ser sólo identitaria para convertirse en una disputa sobre quién defiende mejor los derechos de los ciudadanos. El reto económico de adaptar una economía de servicios basada principalmente en el turismo a una economía del conocimiento y de la creatividad implica no perder el tren de la innovación empresarial, la ciencia y las empresas culturales.


Hay que entender la España de los retos como opuesta a una España complaciente, sostenida por el mito y contraria a la España compleja que es la que fue puesta en marcha en la transición. La España de los retos será capaz de advertir que el independentismo social en Catalunya es síntoma nítido de la necesidad de impulsar la España de las reformas. La España complaciente, que observa el desafío catalán para reafirmar su inmovilismo y profundizar en él, no podrá evitar observar que la nación se va vaciando, porque la energía viene de su complejidad, porque la España inacabada es más productiva que la España vertebrada.


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